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El ángel del hogar o El triunfo del surrealismo.
Pintado por Max Ernst en 1937.
Voy a compartir con ustedes lo que me contó una vez un anciano, que descansaba a la sombra de una higuera.
"Cuando yo era pequeño, nos decían a los niños que existía un ser enorme a lo largo y a la ancho, con manos de hierro y garfios en sus extremos. Su dieta se componía de infantes mentirosos, de los que necesita una ración diaria de varias docenas. Era llamado "Cazador de Mentiras" o "Caçamentides". Los embustes escapan en forma de pequeños pajaros invisibles, para todos menos para el cazador. La boca de los mentirosos, queda manchada de una sustancia de color negro. Cuando el deforme ser encontraba alguno de esos pajaros, le preguntaba de dónde habia salido y el pajaro chivato "cantaba" porque estaba obligado a hacerlo. Después, acompañaba al monstruo en busca del niño al que identificaban por las manchas. El Cazador de Mentiras, sin piedad, con sus garfios atrapaba al rapaz embustero y se lo llevaba en un maloliente saco para comerselo de un solo bocado. Pocos escapaban a sus garras, y los que le habían visto, ya no podían vivir tranquilos el resto de su vida. Así me lo contaron mi padre y mi abuelo, que una vez vieron como se llevaba a un vecino del que ya nadie volvió a saber jamás".
- ¡Caramba, abuelo! ¡Menuda forma de educar a los niños!
- Así es, joven. El miedo suele disuadir más que cien consejos sabios.
- Abuelo: ¿Usted temía al Cazador?
El anciano me miró con malicia. Después se levantó y echó a andar. Cuando ya creía que no me iba a responder, se volvió y me dijo:
- Los mayores que me contaron esa historia, también fueron niños. Mentían mucho, aún de adultos, y estaban vivos. Y yo no era tonto del todo...
El profesor
Damos la bienvenida a nuestros nuevos Ranautas "Margalia" y "Fran Frannao". Salvas de honor se disparan, comida en cubierta y la tarde libre en vuestro honor.