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domingo, 2 de mayo de 2010

LEYENDAS: La Tragantía.



Castillo de La Yedra. Cazorla. (Jaén). En el cual sigue habitando el espíritu de La Tragantía.




Cuenta la leyenda, que hubo una vez un rey moro, cuyo castillo llamado "De la Yedra" estaba situado en la ciudad de Cazorla (Jaén). Tenía este rey una hija, cuya belleza era alabada en la zona y a la que amaba más que a su vida. Eran tiempos difíciles,   y el rey supo que el ejercito de los reyes de Castilla  avanzaba sin remedio  hacia sus tierras.  


Efectivamente, ese amanecer su lugarteniente, futuro esposo de su hija,  le informaba de la llegada de los temidos y odiados cristianos. Ante la proximidad del asedio, el rey temió por  la princesa. Si los soldados la atrapaban, la ultrajarían  y la tomarían como esclava. Decidió que esa noche, abandonaría el castillo con sus hombres dejandola a buen recaudo en su interior, en una pequeña habitación secreta tallada en la roca de los subterraneos.  Cuando los cristianos viesen la fortaleza vacía, seguirían su camino hasta Granada y él volvería a rescatar a su amada hija. Así lo hizo, pero los cristianos habían previsto su huida, y les tendieron una emboscada. Mataron al rey y a muchos de sus hombres. El lugarteniente escapó, y partió a lejanas tierras olvidándose para siempre de la princesa cautiva. Era la Noche de San Juán.

En el interior del castillo, la joven olvidada del mundo,  pasaba los días en oscuridad, silencio y tristeza. Los víveres y el agua se le acabaron, y para subsistir se veía obligada a comer insectos y murcielagos, lamiendo  el agua de lluvia que se filtraba por las piedras de su habitáculo. La debilidad y la deseperación por el abandono, la postraron en tierra, dónde sus piernas se convirtieron en cola y a su piel le salieron escamas, mientras con horribles lamentos maldecía a los que la habían abandonado.  Convertida en una terrible y deformada creatura que se arrastraba por la tierra, algunas noches se escuchaban los alaridos horribles de la Tragantía. 


"Yo soy la Tragantía,
hija del Rey Moro.
El que me oiga cantar,
no verá la luz del día
ni la noche de San Juan"

Y es que el alma abandonada de amor, y habitada por el olvido  y el resentimiento, se convierte en un monstruo.


José, desde una tranquila mañana en las sierras de Jaén.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

ME GUSTA CUANDO DICE :EL QUE ME OIGA CANTAR...
UN ABRAZO DE ZARAGOZA

Núria dijo...

José, encantada estoy de cobijaros en mi sombra, a la que os habeis abonado...Permitidme que yo también me haga un huequecito en vuestra casa virtual.
Leyendas similares a la que cuentas existen muchas y, a caballo entre la realidad y la leyenda, consiguen que un escalofrío me recorra la espina dorsal...
No la conocía y vuestro blog me confirma aquello de "a dormirte no te irás sin saber una cosa más".
La última vez que os visité conseguisteis hacerme asomar una lagrimita en los ojos...hoy, me llevo el escalofrío que siempre me producen estas historias que, aunque leyenda, estoy convencida parten de algún hecho real.
En cualquier caso, vuestro blog tine la virtud de despertar siempre alguna emoción, cosa que es de aplaudir.
Mis felicitaciones y un abrazo desde una primaveral tarde en Catalunya!
Núria

Marpin y La Rana dijo...

Nuestra casa es la tuya, amiga Nuria, y es un placer para nosotros tenerte.

Sigue regalandonos tus emociones, por favor.

José y todo el equipo del blog.

Marpin y La Rana dijo...

Un abrazo desde este blog para Zaragoza y para ti.

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho la leyenda. Buenas noches y hasta mañana.
(Mont-se)

Marpin y La Rana dijo...

Un beso, Mont-se.