Alza el vuelo alma libre
Nos hundimos hasta las rodillas en un mar de amapolas. Todo era rojo. Mucho más tarde, te acompañe el último trecho y de la mano llegamos juntos a un sendero por el que solamente tú podías pasar. Yo me quedé en el umbral y te di un ramillete de amapolas, para que tu viaje fuera más fácil. No hubo adiós, sólo un beso. Tal vez un día, seas tú quien adorne mis cabellos de flores encarnadas, y podamos fundirnos en un gran abrazo.
Ranita