La boca entreabierta, la cabeza y los ojos hundidos, el fruto de la carne, agua a la nueva vida. Ven conmigo, hombre. ¡Aquí vengo yo a custudiarte. Las alabanzas y las bendiciones son tuyas. Ven con fe al leal funámbulo, camina delante por los hilos y no pierdas el equilibrio; que gran descanso eterno tendrás, y noble será el reposo. (Lestrigones)