Un borrico cargado de reliquias se imaginó que era a él a quien las gentes adoraban. Y poseído de esa idea, caminaba con aire altivo, recibiendo como propios los cánticos y el incienso.
Uno que vio su error, se le acercó y le dijo:
-¡Señor asno, desechad de vuestro espíritu una vanidad tan insensata! No es a vos, sino al ídolo, a quien tanta gloria se le ofrenda.
De un magistrado ignorante, es la toga lo importante.
-La Fontaine-
El blog de marpin y la rana