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viernes, 1 de noviembre de 2013

LAS TRES MUERTES DE MI PADRE.






Mi padre murió tres veces. La primera vez, le asesino la E.L.A (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad terrible e inmisericorde, que poco a poco se lleva tu capacidad de movimiento, hasta que te deja postrado en un cama, con la mente totalmente lúcida, y sin posibilidad de mover un músculo. Mi padre era uno de los seres más vitales que he conocido. No paraba un segundo de aquí para allá. Cuando haciamos excursiones por el campo, él siempre iba en cabeza, varios metros adelantado, cantando a pleno pulmón "soy minero", con su "palo" a modo de cayado. Verlo perder la capacidad de andar, primero, despues de poder mover sus brazos hasta que ya no pudo comer solo, después de cualquier otro movimiento de cuello para abajo, haciéndole dependiente las 24 horas del día, fue durísimo. Nos necesitaba para todo, día y noche. ël se agotó y nosotros con él de pura impotencia. 
Aún con todas esas limitaciones, su mente seguía intacta. Tan lúcida como siempre había sido, se percataba ¡cómo no! de su pérdida diaria. Lo llevó con una dignidad absoluta, y jamás perdió el temple ni los nervios, a lo sumo le vi llorar. Siguió gastando bromas hasta el último instante, siguió siendo él hasta el final. Una noche, cuando ya no era ni capaz de mover los músculos torácicos para respirar bien, el infarto que se había presentado varios días antes, atacó con saña. Le dolía mucho. Mi súplica a la enfermera, sabiendo el inminente final, fue sólo una: "Que no sufra". Te llamé a ti, desesperada. ¿Lo recuerdas? Estaba sola con él  y tuve que claudicar: morfina. El bolo de morfina le quitaría el dolor pero también le sumiría en una inconsciencia de la que ya nunca más regresaría. Su mente, sus recuerdos, sus vivencias, en definitiva todo lo que había sido en vida, se iban en un sólo instante, y yo daba mi permiso para ello. Creo que fue mi pacto con la muerte: te dejo que te lo lleves a cambio de que no le hagas sufrir. La morfina se lo llevó en un suspiro, sólo le dió tiempo a darme el último beso que yo le pedí. Casi en el mismo instante llegó mi hijo mayor: "dale un beso al abuelo, buenas noches papá, duermete ahora que cuando te despiertes ya no te dolerá." Y ahí le perdí por segunda vez: fue su segunda muerte.
En la cama ya sólo quedaba un cuerpo inconciente que respiraba, cada vez con  más dificultad. Mi padre se había ido, ya nunca más me hablaría, me contariá sus alegrías o penas, ni me haría reir. Pero aún respiraba y yo tenía su mano cogida. Pasaron muchas horas, sucediendose amaneceres y ocasos. El fin era inminente. Vinieron las enfermeras y le cambiaron la cama y su pijama hospitalario por última vez; estaba todo mojado de su sudor. Él estaba helado. Me vino un enorme remordimiento. ¡Ha pasado frío y yo no me he dado cuenta de taparlo! Y me sentí enormemente culpable por ello. Alguién intentó tranquilizarme: "El no ha sentido nada". "¿Cómo lo sabes?! porfié yo, y aún hoy me dura esa culpabilidad de no haberle echado la manta por encima.
A las dos de la mañana del día 22 de Enero, su respiración era muy débil. De pronto un estertor. Supe que era el momento, La Dama de todos los finales acababa de anunciarse. Llamé a mi hijo que estaba conmigo y los dos nos pusismos a ambos lados de su cama. Un par de estertores apenas, y se fue para siempre. Le acompañamos hasta el límite permitido, inluso un poco más. Pero llegó un momento donde tuvimos que girar y darnos la vuelta, pues no era terreno permitido a los vivos- Ya sólo nos quedaba regresar para enterrar su cuerpo.  Quiero pensar que no sufrió. Su tercera muerte fue silenciosa. La muerte había respetado el pacto que habíamos hecho, y me lo había quitado por última y definitiva vez.

RANITA

MARPIN Y LA RANA

2 comentarios:

Taty Cascada dijo...

La muerte tiene sus rituales, pactos y conductas que solo cuando se acerca las comenzamos a entender. Tu padre está en ti, ya no sufre por una enfermedad cruel y limitante, está libre y tú lo sabes.
Un abrazo.

EL BLOG DE MARPIN Y LA RANA dijo...

Gracias Taty. Un beso.