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viernes, 26 de agosto de 2011

A LAS 13:42, último viernes de agosto 2.011 Pero, nosotros no nos vamos ni nos hemos quedado desalentados, nerviosos o sin palabras.




Un hombre trabaja serrando árboles en un bosque. Pone mucho empeño y, sin embargo, está angustiado por el bajo rendimiento que obtiene de su prolongado esfuerzo. Cada día le lleva más tiempo acabar su tarea, de modo que le sorprende la noche cuando aún le quedan bastantes troncos por serrar.
En su afán por trabajar cada día más, no se da cuenta de que esa lentitud se debe a que tiene muy gastado el filo de la sierra. Un buen día se le acerca un compañero y le pregunta:
-Oye, ¿cuánto tiempo llevas con este árbol?
-Más de dos horas.
-Es raro que lleves tanto tiempo si trabajas a ese ritmo...,¿por qué no descansas un momento y afilas la sierra?
-No puedo parar, llevo mucho retraso.
-Pero luego irás más deprisa y pronto recuperarás los pocos minutos que supone afilar la sierra.
-Lo siento, pero tengo mucho trabajo pendiente y no puedo perder ni un minuto.

(Algo muy parecido a este diálogo se repite con frecuencia en el interior de muchas personas preocupadas por problemas que afectan seriamente a sus vidas. Se plantean que quizá deben mejorar su preparación profesional, que deben aumentar su cultura, que tienen que formarse, que necesitan una renovación personal que les saque de su fatigosa y rutinaria monotonía...; pero al final concluyen que  no tienen tiempo, que tienen tanto trabajo  que no pueden perder ni un minuto en teorías.

-Aguiló-

El blog de marpin y la rana

2 comentarios:

Susana Inés Nicolini dijo...

Una verdad a todas luces lo que dice ésta entrada. Lo importante es -como dice el título- no desalentarse. No siempre se tiene la fortaleza para darse cuenta que lo bueno está por venir. Y la monotonía...¡Que enemigo mortal! tantas veces tenemos que "re inventarnos" para seguir adelante.
Una historia sin fin en ésta sociedad actual. Magnifico post.
Un abrazo desde Buenos Aires

EL BLOG DE MARPIN Y LA RANA dijo...

Un abrazo también para ti, querida Susana Inés Nicolini.