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miércoles, 10 de agosto de 2011

AQUELLAS CARTAS

Habían pasado cuarenta y siete años, cuando aquellas cartas volvieron a sus manos. Guardadas en un bolso, habían reposado todo ese tiempo, y ahora, a la víspera de una mudanza, habían vuelto a ver la luz. Las leyó una tras otra y   recordó la historia. Ambos eran estudiantes y se conocieron en uno de esos bares cercanos a la universidad. Surgió el flechazo y pasaron unos meses inolvidables. Después, terminó el curso y ambos volvieron a sus respectivos hogares, muy distantes entre sí. Al principio él la llamaba y escribía a diario. Unas cartas de literatura juvenil similares a todas las cartas de amor antes escritas, excepto por aquellos maravillosos versos que él le había regalado asegurando ser  ella  la musa inspiradora. Después,  las llamadas y cartas se fueron espaciando hasta desaparecer según avanzaba el verano. Cuando ella preguntaba por él, simplemente le decían que no estaba y le colgaban el teléfono.  Desesperada y confusa esperó al principio del nuevo curso, comprobando que tampoco él iba a buscarla. Se armó de valor y se encaminó al piso de estudiantes donde residía. Allí le encontró, bronceado y con un magnífico aspecto, mientras ella ojerosa y enfermizamente delgada, le pedía explicaciones.  No hubo lugar, pues  él se limitó a echarla a la calle alegando que no quería saber nada ni volver a verla. Días después, le vió con aquella muchacha besándose por la calle y después con muchas otras.  Decidida a olvidar, él sin embargo no se lo permitió. La buscaba en sus clases y lugares habituales para reirse de  ella, acudía por las noches a su balcón junto a su panda de amigos borrachos a llamarla tonta y a gritarle como se había burlado de su amor, proclamando a los vientos toda su intimidad. Ella se moría de pena y verguenza. Así estuvo durante todo el curso, obligándola a cambiar de universidad al año siguiente.
Aquella experiencia amarga cambió su vida. Se dedicó al estudio, olvidandose de las relaciones personales y  no permitió jamás que ningún hombre  se le acercara. Terminó su carrera y fue una renombrada profesional que acumuló prestigio  nivel internacional. Jamás se casó, ni tuvo pareja,  ni ninguna relación que durara más de unas horas, sin repetir jamás una cita. No quería que nada igual volviera a sucederle.
Conservó aquellas cartas, no por una cuestión sentimental, sino por el valor literario de los  versos. Realmente, eran mágnificos aunque hubiesen sido hechos por un imbécil. La única verdad de aquella relación: la inspiración artística de unas estrofas impecablemente bellas. Aunque no había vuelto a leerlas en años, sintió que su corazón se removía ante aquellas letras. 
En un inesperado gesto que a ella misma sorprendió, tecleó en el ordenador algunas de las estrofas en un buscador.Quizá aquel hombre, hoy fuera un poeta renombrado y hubiese escrito otros hermosos poemas. Efectivamente, allí estaban los versos, y muchos otros que él le había dedicado. Sólo que el poeta no se llamaba como su antiguo ex-novio. Los versos pertenecían a un autor mejicano,  muy famoso en su pais, investido con los laureles del Parnaso y  fallecido en 1885, cuando ni ella ni él habían aún nacido. Versos plagiados y robados, en definitiva. No fueron sus ilusiones  lo único que robó aquel indeseable. La única verdad de aquella relación, también había sido una mentira.

Ranita

6 comentarios:

MUCHITA dijo...

¡Que historia! Conmovedora.

Besos mil.

Ana dijo...

Uff, tampoco hay que tomarse las cosas así, jaja, "quien teme padecer sufre ya lo que teme". Una burla y un desengaño marcan, pero ella se lo tomó demasiado a la tremenda. Que chasco al final con los poemas robados.
Buena historia Ranita, me ha gustado mucho.
Besos
:)

kasioles dijo...

¡Triste historia!
Los primeros amores, para bien o para mal, suelen marcar toda una vida.
De todas formas,una mala experiencia,también ayuda a ser más fuerte y a saber elegir mejor.
A veces,hay que perder primero para obtener más tarde la recompensa.
¡Vaya con el ñiñito...!
Saludos.
Kasioles

EL BLOG DE MARPIN Y LA RANA dijo...

MUCHITA: Es real la historia, Muchita. Nunca sabemos las consecuencias de nuestros actos y pueden ser terribles para otras personas. Un abrazo, guapa!

EL BLOG DE MARPIN Y LA RANA dijo...

ANA: Ella sólo quiso que no le volviera a psar algo tan doloroso.

Cada cual se defiende a su manera o como puede de las agresiones.


Gracias por tus palabras, preciosa.

EL BLOG DE MARPIN Y LA RANA dijo...

KASIOLES: Gracias de nuevo por estar ahi, leernos y comentarnos. Tus palabras siempre aportan sabiduria y experiencia. Un lujo leerte.

Un abrazo.