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sábado, 5 de marzo de 2011

DIALOGOS IMPOSIBLES: Conversando con un cajón.





Cuando murió mi padre, mi madre me encargó la tarea de mirar sus pertenencias  por aquello de hacer limpieza. Mi padre,  en vida había sido muy ordenado  con sus cosas y no había permitido jamás que nadie hurgara en sus rincones. Al abrirlos, me sentía pues como quien profana un lugar sagrado. Mi padre guardaba sus papeles en sobres y con su letra de imprenta, le ponía títulos: "Lo  del accidente", "Documentos Civiles", "Escrituras", "Universidad de la niña"...y muchos más. Toda una vida clasificada por temas. También había cajas con objetos. Cogí uno de esos sobres que anunciaba su contenido. Eran cartas y documentos de mi abuelo. Me temblaban un poco las manos y el cajón se apiadó de mi.
- Tranquila, mujer. Y no tiembles o se estropearán los papeles que tienes en la mano. Piensa que algunos de esos documentos tienen más de un siglo.
- Sí, llevas razón. Lo siento. Pero ¿sabes? me emociona todo esto. Acabo de enterarme que mi abuelo estuvo en un campo de concentración, en el año 1939, aqui en España. "Porta Coeli" se llamaba, imagínate. Hace falta ser maquiavélico para poner como nombre "Puerta del cielo" a un campo de prisioneros de guerra.
- Los hombres podeis ser angelicales y demoniacos. Ya deberías saberlo.
- ¿Mi padre miraba estos papeles?
- Sí, a veces. Se encerraba en esta habitación y me abría. Sacaba alguno de estos sobres y en ocasiones reía o se quitaba las gafas para limpiarse las lágrimas.
- ¿La vida de un hombre es lo que queda en sus cajones cuando muere?
- Casi siempre, querida niña.  Y esa vida acaba en el trapero o la basura, porque a  nadie le importa lo que guarda un muerto en cajas, salvo que sea de valor, claro está.
- Un cajón puede conocer más a una persona que los que viven a su lado.
- No te quepa duda, niña, así suele ser.

Ranita


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Dios, que vive por los siglos. Porque el azota y compadece, lleva el sepulcro y saca de él. Nadie hay que escape de su mano.


Sor Cris

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Hola amigos
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Me has recordado a mi padre que tenía su despatcho con sus cosas, que guardaba, como tesoros.

Antes de morir me dejó por escrito libros de su pertenencia, de los cuales a veces yo saco poesías para poner en el blog.

Un abrazo, Montserrat

escuchando palabras dijo...

Bueno un cajon evidentemente sirve para muchas cosas, aprendamos a no encajonar y darle vida a las cosas, besosss

Mª Pilar dijo...

Yo creo, que cuando una persona muere, todas sus pertenencias deberían qwemarse, si ellos no lo quisieron compartir en vida, es como invadir la intimidad de la persona.

Un abrazo

Pilar

Pilar dijo...

Desde esas páginas recopiladas (esas y no otras fueron las elegidas) sigue estando con vosotros.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Me gusta tu reflexión.
Saludos

Núria dijo...

Benditos los cajones que, aunque tarde, nos ayudan a conocer un poco más a quien nos dejó...
Yo también llegué a conocer un poquito más a mi padre cuando, desgraciadamente, tuve que abrir esos cajones que guardaban buena parte de sus recuerdos...
Me ha encantado vuestra entrada, amigos!
Un besazo!
Núria