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miércoles, 9 de febrero de 2011

Un chupete bañado en licor de anís.

En la Planta Quinta, Habitación 512 de la Clínica  Universitaria, el bisoño cura recién salido del seminario y encomendado como ayudante al Hospital, se acercó a la primera cama. En la más absoluta soledad,  agonizaba Ventura, un hombre aún joven, pero que parecía mucho más viejo.  Cuando éste  sintió el roce de la sotana, abrió los ojos y vió el alzacuellos. No pudiendo apenas moverse,  hizo un cansado gesto con la mano que significaba "No se acerque". El joven cura no se desanimó,  y le dijo que no venía como sacerdote, sino como  un amigo dispuesto a escucharle.
- Agradezco su intención, pero yo no tengo amigos. Ni tampoco los necesito. 
- ¿Y su familia? ¿Porque no permite usted que pasen a la habitación  sus familiares? 
- ¿Familia? Mis hermanos no han querido saber nada de mí desde hace mucho tiempo, y yo les aplaudo. Nadie quiere cuentas con un alcohólico  irremediable. No quisieron verme en vida y así seguirán  ahora que muero. En cuanto a mis padres, no quiero verlos ni en pintura. ¡Malditos sean por toda la eternidad!.
El sacerdote tragó saliva. Pensó que dijera lo que dijera, aquel hombre no le daría ninguna facilidad. Así que simplemente, se mantuvo callado a la cabecera de la cama, esperando.
Unos minutos después Ventura le miró. Quizá sabiendo que era la última vez que podía hablar con un semejante,   le dijo:
- No creo que pase de esta noche. ¿Puede hacerme un favor?
- Usted dirá.
- Le pedirán que me haga una misa. Cuando sea el momento del acto litúrgico, cuente que el alcohol me mató. Cuénteselo a todos. Cuénteles que cuando era un niño pequeño y revoltoso,  para que no llorara y me callara,  mis padres me mojaban el chupete en anís. Así me silenciaba y me dormía. Después les parecía muy gracioso que les robara un sorbo de su vaso de vino, y tanto mis abuelos, padres como mis hermanos se reían una  barbaridad si lo hacía. La primera vez que me emborraché, tenía 10 años,  en el día de mi Primera Comunión. 
- No creo que lo hicieran con ánimo de perjudicarle, Ventura. Las personas se equivocan también por ignorancia.
El enfermo cerró los ojos y no los abrió más. Al anochecer, entre terribles dolores, fue anestesiado y falleció unas horas más tarde. Sólo después de muerto y dentro de una caja, pudo verlo la familia. 
- Pobre Ventura -dijeron- Nunca tuvo remedio. Era un desgraciado borracho.

Marpin y La Rana 


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi pena es que yo y mi madre a mi hijo le mojabvamoos el chupete en vino kina cuando le dolian las encias. Mi hijo murio en un accidente en la carretera conducia borracho.
Una mala madre

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Hola amigos.

A veces de pequeños se cogen los malos hábitos.
Yo no soy bebedora.

Lo que si me acuerdo, que cuando era que a veces a los niños les daban pan regado de vino tinto y azucar.

En fin el alcoholismo es una enfermedad que se debe tratar.

Y hoy día con los dichosos botellones, en edad bien temprana, cogen estos malos hábitos que pueden derivar en el alcoholismo.

Besos, Montserrat

Anónimo dijo...

Algunas tradiciones deberiamos erradicarlas por que destrullen a las personas......

Pilar dijo...

Una dura realidad.

Núria dijo...

Lo que asquí contáis solía ser muy usual hace años...Siempre me ha parecido una barbaridad, a pesar de que reconozco que yo fuí de las que tuvo que beber quina para abrirme el apetito y más de una merienda de pan con vino y azúcar me zampé...
Yo no lo he hecho nunca con mi hijo.
Un abrazo y felices sueños!
Núria

Anónimo dijo...

En A.A ofrecemos ayuda a las personas con problemas de alcohol gratuitamente.
A. ANÓNIMOS