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viernes, 17 de agosto de 2012

Gustavo Adolfo Becquer. Huérfano de padre a los cinco años y de madre a los once, no resulta difícil comprender que su infancia estuvo presidida por el signo de la tristeza.




Por una mirada un mundo;
por una sonrisa un cielo;
por un beso...¡yo no sé
que te diera por un beso!

XXXIII

Es cuestión de palabras, y no obstante,
Ni tú ni  yo jamás,
Después de lo pasado, convendremos
En quién la culpa está.

¡Lástima que el amor en un diccionario
No tenga dónde hallar
Cuándo el orgullo es simplemente orgullo
Y cuándo es dignidad!

XXXIV

Cruza callada, y son sus movimientos
Silenciosa armonía;
Suenan sus pasos, y al sonar, recuerdan
Del himno alado la cadencia rítmica.

Los  ojos entreabre, aquellos ojos
Tan claros como el día;
Y la tierra y el cielo, cuando abarcan,
Arden con nueva luz en sus pupilas.

 Marpin y la Rana

3 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Hola Marpin y ranita.
Ya me gustaba de pequeña.
Sobretodo "Volverán las oscuras golondrinas, en su balcón sus nidos a posar...
Un abrazo, Montserrat

Anónimo dijo...

Hola, entrañable Marpín.
Hii

H.

mar- galia dijo...

Becquer uno de los poetas para màs romantico...

Un beso Ranita preciosa
otro para ti Marpìn