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martes, 15 de febrero de 2011

LLUVIA, LLUVIA, LLUVIA...DESPEDIDA Y REGRESO





Helada. Persistente. Preñadora. Esperanza líquida. El alma del mar. El llanto de los entes celestiales. Mi aliada la lluvia

15 de Febrero. Tras las resacas valientes y valentinianas del día de ayer, amanece de nuevo. Un día gris plomizo con cielos vestidos de luto. Son las ocho de la mañana, y si no fuera por que aún están encendidas algunas farolas, no se vería nada. 

Ayer mientras dormía, hoy tu silbido de llamada. Ese que me hacías desde niña, cuando tus pasos sonaban sobre la grava fuertes y seguros, y yo volaba a tu cuello para que me izaras por los aires. Siempre hacías notar tu presencia con tu silbido, incluso a mucha distancia. Inconfundible.  En tus últimos días, cuando apenas podías hablar, nos llamabas silbando. Por eso ayer, semidespierta o en sueños, que lo mismo me da, yo oí esa llamada. Como una catapulta salí disparada hacia el lugar de donde provenía,  tropezando con mis zapatillas que indolentemente había dejado caer a los pies del sillón. En la esquina de la estancia, justo donde distraídamente dejé tu foto, tu mano cogió la mía. No era una mano fría, no.  Era calida y bienamada, y me apretó fuerte, fuerte.

Yo entre lágrimas de alegría, te pedí que no te fueras del todo. Que aunque yo sé que tienes que seguir tu camino, vengas a verme si es posible. Me apretaste de nuevo la mano. En mi mente se formaba un mensaje: "Todo, todo está bien. No hay juicios, no te preocupes. No tengo nada que reprocharte, Te quiero".
¡Yo también, yo también! te dije. Y la madrugada recuperó la normalidad.

Me da exactamente igual que me digan ahora que fabulé o soñé. Yo sé lo que oí y sentí, y sé que aún tengo tu mano en la mía. Yo sé que viniste a verme. Sé también que tu ausencia ahora es más fácil, porque la tormenta interior ha amainado y ha dejado paso a una calma anaranjada que me reconforta de nuestras tres despedidas. Con esta, cuatro, aunque esta despedida tenga sabor a regreso. Que me empapa en esperanza. Como la lluvia.Quizá la muerte sea realmente un amanecer. 


 Ranita 


Tenemos un ruego, compañeros blogueros. Si alguno de vosotros-as ha vivido una experiencia similar tras la muerte de un ser querido, por favor, dejadlas aquí por  escrito.
Muchas gracias y buen martes.  




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me he emocionado leyendote.
Buenos dias

Isora dijo...

Ranita, claro que te tiene que dar igual que te digan que fabulaste o soñaste, solo tú sabes que eso ocurrió, y que ese ser querido que se fue... ayer te tendió su cálida mano y te silbó, quizás para darte su último adiós, o quizás para decirte que su alma siempre estará cerca de tí... quien sabe.
Besitos!!!