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lunes, 9 de marzo de 2015

Las aglomeraciones urbanas suelen ser comparadas con hormigueros y colmenas, pues los seres humanos que albergan parecen comportarse como los insectos sociales: grandes números de ellos desempeñan idénticos papeles en la comunidad, volviendo a sus celdillas cada mañana y cada noche como si no fueran más que unidades intercambiables de una compleja colonia.


En el mundo real no hay dos seres humanos iguales, y todos aprecian por encima de todo su individualidad. Al hombre de carne y hueso descrito por el filósofo español Miguel de Unamuno (1864-1936) poco le importa la universalidad; lo que realmente aprecia es su singularidad.










                                             Marpin y la Rana.