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lunes, 26 de enero de 2015

Edmund Burke. Alegría y pesar. (De lo Sublime y lo Bello en España, un país donde la corrupción manda y el DINERO ordena.)

Es preciso observar que el cese del placer afecta a la mente de tres maneras. Si éste simplemente cesa, después de haber durado un tiempo apropiado, el efecto es indiferencia; si se corta bruscamente, sigue una incómoda sensación llamada decepción; si el objeto se pierde, de tal manera que no hay posibilidad de gozar de él otra vez, se produce una pasión en la mente que se llama pesar. Aunque ninguna de éstas, ni siquiera el pesar, creo que se parece al verdadero dolor. La persona que tiene un pesar, aguanta que la pasión se apoderé de ella; se abandona a ella; la ama; pero, esto nunca ocurre cuando se trata de un dolor real, que ninguna persona soportó de buena gana durante un tiempo considerable. No es tan difícil entender que el placer se aguante bien, aunque no produzca exactamente una sensación grata. 

Por otra parte, cuando recuperamos nuestra salud, y cuando nos libramos de un peligro inminente, ¿es alegría lo que sentimos? La sensación, en tales ocasiones, queda lejos de aquella satisfacción suave y voluptuosa que da la esperanza segura del placer... 






                                             Marpin y la Rana.