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sábado, 27 de septiembre de 2014

EL CONSUELO






Los contemplaba desde niña, en mi aldea.  Un hombre y una mujer. Yo al verlos hubiera dicho que se amaban. Ella siempre estaba para él. La vi acariciar su pelo, ayudarle en su tarea, cogerle la mano cuando estaba triste e ir al pueblo a traerle medicinas o cualquier cosa que aquel hombre necesitase.
Un día ella lloraba con mucho desconsuelo. No era el llanto pasajero de un recuerdo o el lloriqueo caprichoso de un niño. Había mucho dolor en ella. Vi al hombre pasar de largo sin acercarse  a aquella mujer, mientras le decía: "No te consuelo para que te hagas más fuerte".

Siento haber pensado durante un tiempo que aquel hombre era justo. Ahora sé que fue un necio.

Ranita

Marpin y La Rana

1 comentario:

Pilar V dijo...

Uno de tantos que piensa que la caricia debilita desconociendo que el amor se forja en el dolor y el consuelo.

Un imbécil, si me permites la palabra