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sábado, 31 de mayo de 2014

DE LA MUERTE A LA VIDA. ¡Muy buen día, hermanos y hermanas de la urbe de Internet! ¡Salud y saludos, Mely!

                                               CRISTIANO y APOLLYÓN

Cuando hubieron llegado al fin de la cuesta del Bienestar, los amigos se despidieron de él, y le dieron una hogaza de pan, una botella de vino y un racimo de pasas.

Ya en el valle de los Parados, empezó muy pronto Joan el parado a sentir apuros; pocos pasos había dado, cuando vió venir hacía sí un demonio abominable, cuyo nombre era  Te Machaco con el mazo de la Crisis. Empezó, pues,  Joan el parado a tener miedo y a pensar si sería mejor volver a mantenerse firme en su puesto. Mas se acordó que no tenía ninguna armadura en sus espaldas, y, por tanto, volverlas al enemigo,  sería darle grande ventaja, pues con facilidad le podría herir con sus saetas. Por esto se decidió  a tener valor y mantenerse firme, porque éste, sin duda, era el único recurso que le quedaba para salvar su vida.


   Prosiguiendo, pues, su marcha, se encontró muy pronto con el enemigo. El aspecto de este monstruo era horrible: estaba vestido de escamas como de pez, de lo cual se gloriaba; tenía alas como de dragón y pies como de oso; de su vientre nacía fuego y humo, y su boca era como la boca de un león. Cuando llegó a Joan el parado lanzó sobre él una mirada de desdén, y le interpeló de esta manera: Te machaco con el mazo de la Crisis.- ¿De dónde vienes y adónde vas?

Joan el parado.- Vengo de la ciudad de Destrucción, que es el albergue de todo mal, y me voy a la ciudad de Sión.

Te machaco con el mazo de la Crisis.- Lo cual quiere decir que eres uno de mis súbditos, porque todo aquel país me pertenece y soy el príncipe y el dios de él; ¿cómo así te has sustraído del dominio de tu rey? Si no confiara en que me has de servir todavía mucho, de un golpe te aplastaría hasta el polvo.

 
 
Joan el parado.-   Es verdad que nací dentro de tus dominios; pero tu servicio era tan pesado y tu paga tan miserable, que no me bastaba para vivir, porque la paga del pecado es la muerte
(Rom. 6.28.) .Así que cuando llegué al uso de la razón, (lógica y sentido común) obré como las personas de juicio: pensé en mejorar de suerte.                                                     
 
 
Marpin y la Rana.

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