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viernes, 29 de marzo de 2013

VIERNES SANTO


LA PIEDAD
 
No importa lo que digan o piensen de Él. Si acertó o se equivocó en sus actos.Esos no son juicios de madre. Todos los hijos son niños-hombres para la mujer que los lleva en su vientre. Y este es mi hijo, roto de dolor, sufriendo porque no entiende la locura del mundo y sus gentes, igual que yo. ¡Ojalá pudiera darle consuelo y sanar sus yagas y agravios! Pero hay momentos donde la verdad se impone y te dice al oido: "Sabes que nada puedes hacer, sólo amar". Y yo le amo, sólo eso me resta. El hizo siempre lo que entendió correcto, con su alma limpia y la certeza de unos actos puros que buscaban el bien incluso de aquellos que le ofendieron. Ahora, cercanas sus horas oscuras, sólo puedo acunarle en mis brazos como antaño, acompañandole en ese camino de espinas y soledad. Deshecha en llanto sin una sola lágrima mientras él me mire. Que un hijo nunca debiera ver llorar a su madre. Dándole mi aliento, mi calor, y mi vida si salvara la suya. Contigo hasta el final, hijo mío. Bendito seas.

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