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miércoles, 6 de febrero de 2013

A los jueces-as de España. Porque si entrando en vuestra sala de Justicia un hombre con sortija de oro y ropa preciosa, y entrando al mismo tiempo un pobre con un mal vestido, ponéis los ojos en el que viene con vestido brillante, y le decís:

Siéntate tú aquí en este buen lugar, diciendo por el contrario al pobre: Tú estáte allí en pie,o siéntate acá a mis pies, ¿no es claro que formáis un tribunal injusto dentro de vosotros mismos, y os hacéis jueces de sentencias injustas?

Mirad, Señorías, mirad también como las naves, aunque sean grandes y estén llevadas de impetuosos vientos, con un pequeño timón se mueven acá y allá, donde quiere el impulso del piloto.


                                          Marpin y la Rana

1 comentario:

Anónimo dijo...

Con la Justicia no se juega.